Jorge llegó a nuestras manos una tarde, pequeño, patilargo y algo desorientado. Uno de los nuestros lo encontró en la calle e intento en vano encontrar a su familia, por lo que lo trajo al campo, aquí se robó nuestros corazones para siempre y entendimos que nosotros éramos su familia. Incontables han sido las travesuras, desde destejer bufandas hasta rasgar cortinas, pero así lo queremos, porque al igual que este ensamblaje de cepas patrimoniales del Valle del Itata es irresistible: dulce, fresco y encantador. Tiene notas de frutilla madura y frutos rojos, con un susurro de vainilla y cedro que aparece al final, como la travesura que descubrimos cada vez que llegamos tarde a casa, es un tinto sedoso como su pelaje y largo como sus patas.